Hoy combina cine, grandes producciones y un restaurante argentino que conquistó a gigantes de Hollywood. Cómo llegó a trabajar para el show de Bad Bunny en el Super Bowl.
Pero su historia no empieza en un estadio ni en la NFL. Empieza hace 12 años, cuando decidió emigrar junto a su marido, Maximilian Pizzi, para potenciar sus carreras en la industria audiovisual. Su primera parada fue México, donde el networking y la experiencia hicieron crecer sus proyectos. Luego llegó Los Ángeles.
En Estados Unidos trabajaron en televisión, publicidad, desfiles y producciones para gigantes como NBC, ABC, Amazon, Disney Plus y Warner. La carrera parecía consolidada. Hasta que llegó la pandemia.

Con la industria audiovisual frenada, Laboureau y Pizzi se animaron a un giro inesperado: la gastronomía. Así nació Fuegos LA, un restaurante argentino informal con impronta gourmet. El proyecto arrancó en casa, como muchos emprendimientos de pandemia: horas de cocina, pruebas, recetas, ensayo y error. Comenzaron vendiendo empanadas congeladas para medir la respuesta del público. Funcionó.
Según pudo saber Notas de Actualidad, a fines de 2024 abrieron su primer local cerca del campus de la USC y del futuro museo de George Lucas, en un polo en expansión de cara al Mundial. Ofrecen empanadas tradicionales con un toque moderno, versiones listas para hornear y platos argentinos reinterpretados.
El salto fue rápido: Netflix y Warner Bros los contrataron para servicios de catering. De vender empanadas caseras pasaron a cocinar para estudios de Hollywood. En diciembre de 2025 recibió un llamado para “bloquear fechas”, sin demasiadas explicaciones. Una recomendación lo acercó al equipo de Bad Bunny. Tras revisar su trabajo, la NFL y el equipo creativo lo aprobaron para diseñar el interior de la casita.

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El proceso fue un intercambio con un director francés y una directora creativa británica. Laboureau aportó memoria y sensibilidad latina. “Como latino, me es muy fácil representar la casa de la abuelita”, contó. Los detalles fueron clave: muñequitos de porcelana, latas de galletitas, costureros, objetos religiosos, flores artificiales. Elementos que en pocos segundos construyen una identidad reconocible para millones.
Según supo Notas de Actualidad, la escenografía no era solo decorado: era relato cultural. Mientras trabajaba en una de las puestas en escena más vistas del planeta, Laboureau también expandía Fuegos. Lanzará pizza argentina y ampliará el bar en plena “ola de latinidad” en Estados Unidos.

Su recorrido no es lineal. Es una mezcla de diseño de arte, migración, cocina y resiliencia. De sets internacionales a una cocina de garaje. De empanadas congeladas a catering para Netflix. De la casa propia a la casa simbólica de todas las abuelas latinas.
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Federico Laboureau no eligió entre arte y comida. Convirtió ambas cosas en escenario.

